Aquel muro de piedra puede ser duro, impenetrable e inabordable para unos y mas flexible, con la posibilidad de no mirar solo el muro, sino también el alrededor y contrastar con aquello que se observa, para otros. Poner en duda la separación nos permite lograr vencer el prejuicio y lograr el juicio que, apropósito, no trata del juicio que condena y absuelve en el ámbito judicial sino de comprensión e integración, ámbito de las ciencias sociales.
La realidad es algo demasiado grande e inabordable para creer que tanto el juicio como el prejuicio sean la realidad. Lo que cada ser humano considera como realidad es una parcialidad de ella y no la totalidad; la totalidad la conformamos todos, por lo tanto las miradas y comprensiones de los otros son indispensables a la conformación de la realidad que, recordando a Hegel, es la historia de la humanidad que la construimos todos mediante una cultura totalizadora, que abarca tanto lo verdadero y lo espiritual como lo necesario y material.
La primera imagen que nos surge del OTRO puede ser la de un chico que vive en una villa miseria o un Gerente de una empresa multinacional. Se me ocurre que no es absoluta esa afirmación, ya que por alguna situación, evento, objetivo o meta podemos considerarlos como un NOSOTROS. Esto sucede en ámbitos de trabajo, de estudio, de entretenimiento, eventos públicos. Me permito observar que el objetivo, la meta, una idea o ser humano establece la convivencia constructiva y la creación en conjunto, a través de la comunicación y el pragmatismo.
¿Qué sucede cuando esto no es posible porque vemos al otro como un individuo que me hará daño o con el cual no quiero relacionarme, sin haberme comunicado con este? Esto nos sucede de manera cotidiana. Lo destructivo para una sociedad es construir un muro con ladrillos de prejuicios que no nos permite, tanto en situaciones cotidianas como en conflictos sociales, llegar a un acuerdo y encontrar nuestras realidades a favor de la convivencia. La experiencia de la comunicación para con el otro individuo nos ubica en un punto de reflexión, como dice en si misma la palabra, reflejo de uno mismo frente al otro, frente a la historia. Entonces nos permitimos no ver al nosotros como única historia y realidad. Si transcurrimos la vida encerrados en un nosotros, no podremos resolver conflictos y violencias que padecemos todos los días y solo con los otros podremos superarlos. Eso significaría salir de nuestro propio muro de Berlín.

(Si, soy pacifista acreditada)
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