miércoles, 15 de abril de 2009

Los call centers ya emplean a 50.000 personas,

sobre todo jóvenes, en condiciones de presión y precariedad enfermantes, como resultado de un trabajo donde lo que vale es la obediencia más que la productividad, mientras se le miente a los clientes para garantizar ventas. De las promesas de marketing internacional a la realidad de garaje. Los modos de organización, incluido un sindicato horizontal, narrados a lavaca por algunos de los que no se resignan al cerebro teleperforado.

Primer acto: Lucas, 21 años, está feliz. Logró ingresar en un call center de Buenos Aires llamado Sprayette (en el aviso figuraba como un contact center internacional, suena mejor) y va a ganar 650 pesos vendiéndoles a lectores españoles, en castellano neutro, la suscripción para el diario El País de Madrid. El País contrató a un call center español, que subcontrató a Sprayette de Argentina, que subcontrató a una agencia de colocaciones bonaerense, que convocó a Lucas. Tal vez logre convertirse en un team leader o en un supervisor.
Segundo acto: Lucas descubre que las posibilidades de vender una suscripción son de 1 contra 80, pero se esfuerza en castellano neutro. Sus jefes lo rodean cada vez que hace un contacto, gesticulan a su alrededor y le piden que mienta para convencer a los españoles. Lucas obedece, y miente. Ellos celebran. Luego le hacen pagar, como a todos los demás, parte del regalo de cumpleaños para un supervisor: un equipo de DVD. Que los cumpla feliz. Lucas al menos aquí no vio lo que cuenta Sebastián, de Atento: una rubia hermosa, estudiante universitaria, metódica y cumplidora, haciéndose pis encima para no perder una llamada, por miedo a pedir ir al baño.
Intermedio: Al mes siguiente Lucas y sus compañeros reciben una pequeña sorpresa al cobrar su primer salario. Descubren que los 650 pesos se transformaron en 490.
Tercer acto: Lucas va a reclamar por el salario. Le contestan: “¿De qué te quejás? Por lo menos te pagamos en fecha”. Lucas, 21 años, no está feliz.
Break: Lucas y sus compañeros comienzan a hacer cosas impropias, como no querer participar en los cumpleaños de los supervisores, ni comer la torta que les convidan durante el “break”, el descanso de 15 minutos. Peor aún, empiezan a no festejar las ventas (actividad que suele ser acompañada con un griterío y aplausos agitados por los jefes y supervisores).
Cuarto acto: Sprayette decide presionar a una empleada para que se vaya, por su “poca onda”. El truco consiste en cambiarle el turno a esa joven que tiene un niño de 3 años y vive en Ituzaingó. Ella no puede cambiar de turno, la presionan hasta que renuncia. Lucas se indigna, se enoja, y toma una decisión que hace que la jefa de plataforma (la jefa de los supervisores) lo mire sonriendo y le diga en un castellano no precisamente neutro: “Andate, pendejo”.

http://lavaca.org/notas/call-center-explotacion-y-marketing/

(Es una nota del año 2006... y la situación sigue igual).

1 comentarios:

Gabriel Medina dijo...

Recuerdo aquel verano del 2000... trabajabamos para FM Nueva Argentina en mis pagos de Moron, aun no salia el Clarin zonal por lo que podiamos sostener el espacio por la pauta publicitaria local, luego ni eso nos dejo Clarin...
En aquel momento teníamos una investigación sensacional, era la estafa de Aguas Argentinas a todo el Barrio Cere de Moron, por un extraño giro contractual la multinacional quería multar a la gente por extraer agua de su propio pozo, ya que el menemismo había consecionado las propias napas de extracción. Nosotros no podíamos instalar el tema, pero teníamos la investigación. Nosotros y LANATA... Claro, el amenazo con lanzar una nota en su programa de aquella época, Día D, creo que era. Hizo esa amenaza dos horas antes de salir al aire. Como resultado Aguas Argentinas pauto publicidad en su programa y no se volvió a oír a LANATA hablar mas del tema... Periodismo independiente que le dicen...